
Hace algún tiempo existió un gigante. Era sordo y sufría una rara enfermedad llamada sinestesia que le permitía interpretar los sonidos como destellos de colores. Vivía en soledad en un glaciar hasta que un día un esquimal que oyó hablar de un gigante solitario que habitaba en los hielos perpetuos decidió visitarlo. Se hicieron muy amigos pero cuando el esquimal tuvo que irse, este le regaló un violín bastante grande que había construido específicamente para el gigante.
Después de que se fuera el esquimal, se volvió a quedar solo. Vagó durante días hasta llegar a los límites del glaciar, una vez allí se sentó en el borde de un acantilado de hielo y empezó a tocar.
Los colores brotaban del violín en una sucesión sin fin. El gigante estaba fascinado con el regalo del esquimal. Estuvo meses y meses sentado en ese lugar, frotando la vara una y otra vez contra las cuerdas del violín.
Una noche pidió un deseo a las estrellas. Se levantó y empezó a tocar como nunca antes lo había hecho, miles de colores salían de aquel violín, el gigante empezó a brillar y de sus manos brotaron luminosos haces de luz en busca de las estrellas, aquello era precioso. Estuvo toda la noche tocando una única melodía, dicha melodía cobró vida y se elevó al cielo estrellado. Nunca más se volvió a saber nada del gigante.
Todas las noches del primer mes aparecen en el cielo un montón de colores, algunos lo llaman: la Aurora Boreal.
El Soñador





3 Comentarios:
Te das con cuenta gotas Soñador pero esta vez el sueño me es muy placentero. Un hermoso cuento mitológico para explicar esa marivilla que es la Aurora Boreal. Espero que estés menos estresado y te veamos publicando estas cosas cómo tu sabes hacerlo.
Un abrazo y feliz semana.
Muy hermoso el cuento que escribiste para darnos la verdad romántica del porque de la Aurora boreal. Da gusto pasar por aquí. Un abrazo
Como siempre pasar para su blog es un placer en ver sus palabras, calidad y sencibilidade, deudor para su visita y su comentario.
Gran que abrazo del Brasil
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